
aunque es conocida mi tradicional pereza a la hora de escribir como se debe y con acentos, tengo que decir que su existencia me ha salvado la vida, y es que fundamentalmente debido a lo dejado que soy para esto del mantenimiento informático, durante los últimos días he tenido la molesta visita y residencia de un troyano disfrazado que no me dejaba poner acentos, aparte de otras cosas que todavía estoy intentado descubrir, al googelizarlo un escalofrío recorrió mi cuello y puse manos a la obra y hasta que acabé con él no paré, de momento no hay ninguna evidencia de que haya podido realizar algún uso fraudulento de mis claves, pero por si acaso he modificado todas la rutinas de acceso importantes en mis movimientos en la red, en este mundo virtualmente jodido cualquier cuidado es poco, tengan cuidado ahí fuera.






